jueves, 2 de diciembre de 2010

Las luces del estadio

Suena Las Luces del Estadio, los acordes se sienten como puñaladas en el pecho y la letra te va descosiendo poco a poco el corazón que habías arreglado a puro remiendo, y con tanta dedicación. Esas noches que se acaban cuando todavía las piernas se mueven solas y la mano busca el vaso, la lengua su conversación, la risa su motivo. Queda el agijón de la culpa de aquellos momentos en que preferimos vivir cuidando un empate y no intentamos la milagrosa jugada de gol que nos ofrecía la gloria, a todo o nada. Las noches de milonga, las noches de baile que crueles se acaban, que tienen final cuando deberían ser eternas. Cuando se anuncia el maldito sol perforando el cristal de las ventanas y las pupilas se protegen instintivamente de ese atropello inesperado, de ese golpe sucio. Su final se siente como el de un fin de semana, de una vacación en la costa, de un cumpleaños o el fin de un amor. La muerte absurda de aquello que nació para ser eterno. Pero no apuren el final amigos, aguanten, que son sólo las luces del estadio…

martes, 30 de noviembre de 2010

La experiencia de ser persuadidos

“La persuasión”, obra escrita por la egresada del IUNA Erika Halvorsen, y dirigida por Luciano Cáceres, tiene la virtud de captar un aspecto central de la problemática de la sociedad actual: la circulación de la información y su funcionamiento, dentro de la lógica de los medios masivos. Esta sería una virtud a medias si lo hiciera desde lo teórico en vez de plasmar esta temática en una situación desopilante, donde el humor y la ironía son elementos centrales que, lejos de ser pasatistas, dejan traslucir críticas profundas, de esas que dejan pensando.

A pesar de presentarse en una sala improvisada, un nuevo espacio abierto recientemente en los recovecos del histórico Teatro Nacional Cervantes, que resulta un lugar un poco incómodo, la obra goza de un despliegue escénico interesante, apuntalado por la introducción de elementos multimedia que, lejos de la mera espectacularidad tecnológica, están muy bien integrados en el argumento de la obra. Las cámaras y la proyección de las actrices en vivo, así como el backstage que sucede detrás del escenario y del cual tenemos noticia a través de las cámaras, logran demostrar con elocuencia la construcción de la realidad, y cómo ésta adquiere verosimilitud, cuando es reflejada a través de la pantalla.

El argumento de la obra puede resultar absurdo- lo es- si se tiene noticia de él por fuera de su escenificación. Pero el desafío de la obra es persuadirnos para que nos resulte verosímil ese imposible. Y lo logra. Es, en este sentido, un experimento y un ejercicio reflexivo, tanto para los actores como para su público. Sentados en las sillas que ofician de butacas, los espectadores se ven tentados a creer en el testimonio de una viuda que denuncia que su marido fue secuestrado por Al Qaeda. Este secuestro, el de un mediano empresario argentino, tercerista de la construcción, sería el paso previo para la perpetuación de una serie de atentados. Desde un primer momento, el espectador accede a “la cocina” de la noticia y sabe que hay mucho de elaboración artificial en esta campaña, pero aún así, no pone en duda que esa noticia podría haber sido una de las tantas que se lanzan desde las pantallas de TV, hasta que se transforman en indiscutibles incluso para ellos mismos.

La persuasión habla de temas profundos pero abordados sin solemnidad y con humor, sobre todo con una buena dosis de humor negro, que- no está de más decirlo- puede herir algunas susceptibilidades para aquellos que no gocen de este tipo de humor tan particular. La obra aborda la lógica perversa de los medios de comunicación, la construcción de la noticia, el arreo de voluntades, y no deja de meterse en ásperos territorios cuando se adentra también en la utilización política de estas realidades construidas para la creación del miedo y sus peligrosas consecuencias. Como si esto fuera poco, no quedan afuera tampoco las relaciones familiares, los celos entre hermanas y las hipocresías de un matrimonio de clase alta, de esos que habitan los countries bonaerenses.

En resumen, “La Persuasión” ofrece un muy buen guión con una innovadora utilización de recursos multimedia que no se desconectan del argumento central, sino que lo enriquecen. Además, goza del despliegue de actores talentosos y no tan conocidos, que sorprenden en el escenario, como Susana Cart (Teatro por la Identidad), Cristina Fridman e Ignacio Rodríguez de Anca. Todo esto por una entrada económica a cambio de un muy buen espectáculo. Es además un ejercicio reflexivo que nos permite experimentar como los argumentos y hechos más inverosímiles pueden tornarse creíbles cuando los muestra una cámara. La obra hace honor a su título y logra persuadir. Por mi parte, creo oportuno persuadir a los lectores de que vayan a verla.

Título
La Persuasión

Autor
Erika Halvorsen

Director
Luciano Cáceres

Elenco
Susana Cart Cristina Fridman Ignacio Rodríguez de Anca

Asistencia de video
Verónica Mc Loughlin

Lugar
Sala Luisa Vehil,
Teatro Nacional Cervantes

Localidades: $30


Enloqueciendo mi ciudad

Había un barco encallado en plena bocacalle
y ella se despedía con pañuelos y ademanes.
Los autos ladraban y movían los caños de escape.
Mi ciudad- por fín- había enloquecido:
Encarceló a los mercaderes,
Liberó las hamacas y las plazas
La muchedumbre se juntaba en las terrazas
a festejar el deseo y la esperanza.
La cordura agonizaba en la cornisa,
amenazada de muerte- por fin- la injusticia.
Yo caminaba sus calles- por fin- feliz de vivir aquí.

Un flaco alto obligaba a un hombre armado
A bajar el cuadro de su jefe asesino,
los cobardes le llamaban temerario,
las madres lo aplaudían abajo y arriba del escenario.

Había trenes que volaban
Largaban humo rosa de trompas galopantes
Guardas vestidos de príncipes
Tiraban al aire los boletos
El amante encontraba a su amada en la estación
Y chocaban astronautas perdidos sin su espacio
Mi ciudad- por fin- había enloquecido
Y frenando de pechito a la luna por callao
Un buey silbaba un tango
Yo bailando empezaba a reir
Feliz- por fin- de vivir aquí.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Dos Plazas, dos momentos, ¿sólo dos años?

Recuerdo aquel fatídico día de 2008, cuando escuché unos tenues chillidos de metal diseminados y algunas bocinas que parecían acompañarlos. Recuerdo mi desconcierto. Venía caminando devuelta del trabajo y le pregunté a un compañero: “¿a estos qué les pasa? No me digas que salen a apoyar las ganancias del campo”. Por esos -ya míticos- días de desconcierto en 2008, me encontré con la única certeza que me acompaña desde entonces: hay que hacer algo. Fue cuando caía de cajón la respuesta ante la pregunta de Matías Martin ¿De qué lado estás? Esa noche, cuando las cacerolas de teflón inundaron las esquinas de Recoleta y Caballito, pero también se asomaron a la de Medrano y Corrientes, cerca de mi casa, quise ir a la plaza. Mandé algunos mensajes, y fuimos, me encontré con amigos allá que no tenían militancia orgánica, igual que yo, pero esa plaza me desalentó. Sin ánimo de ofender a otros compañeros que fueron a poner el cuerpo, no encontré un pueblo sino algunos grupos, con sus banderas, me pareció increible que tan poca gente se haya movilizado. El chaparrón que vino después no hizo más que empeorar las cosas y volvimos a nuestras casas.
Desde entonces, el cielo fue aclarando. El gobierno, en vez de dar el brazo a torcer y bajar las banderas ante la presión de la oligarquía y la ferocidad de los medios, redobló la apuesta: Ley de Medios, Asignación Universal por hijo, Matrimonio igualitario y otras tantas epopeyas y alegrías que no imaginabamos. Fueron otras plazas, mil postales mucho más alegres. Así nos fue aglutinando, no fuimos nosotros, sino este gobierno con sus señales el que fue marcando el camino.
La noche del 27 de octubre pasado volví a ir a la plaza . Otra vez, no quedaban dudas de que había que estar. Ahora no nos defendíamos de un ataque, tampoco íbamos a festejar un triunfo. Esta vez íbamos a rendir homenaje al que nos condujo por ese camino, al que nos mostró que el horizonte estaba más allá de donde podíamos verlo. Al que llevó la imaginación al poder. Ibamos a despedirlo. De nuevo la angustia, la tristeza, la impotencia. Pero esa plaza había cambiado, nos habíamos encontrado finalmente. Sin miedo a decir lo que pensábamos, miles nos acercamos espontáneamente a Plaza de Mayo. Algunas voces necias podrán negar lo evidente, las imágenes hablaban por sí mismas. Entonces el corazón enternecido, se reconfortó un poco, con esa postal de la plaza reencontrada.
Supimos que éramos muchos, y los que casi festejan, también lo supieron. La sonrisa se les desdibujó, cuando vieron esa gran manifestación, ese acto político que nació desde el sentimiento. Ahora, este proyecto necesita de todos y en cada uno debe estar el compromiso de bancarlo y hacerlo nuestro. Hay que afilar la imaginación, proponer iniciativas, marcar agenda, porque de eso depende que este proyecto este vivo. Avanzar, es la única forma de no retroceder y de seguir sumando.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Agridulce

Lagrimas censadas


Censar es una experiencia maravillosa. De eso hubiera tratado este post si esa experiencia inigualable no se hubiera topado con el amargo imprevisto de la muerte. El sol inundando de luz el barrio de Ciudadela y sus monoblocks revestidos de una digna pobreza, tantas veces distorsionados por el tono amarillento de las noticias y el gris ocre de los prejuicios, mientras- sin que lo supiéramos- sobrevolaban invisibles los cuervos. Todo esto hizo que hoy sea uno de esos días profundamente contradictorios, agridulces. Porque esta infinita amargura, esta tristeza, esta bronca contra la parca siempre inoportuna, se diluye en las miradas de esos pibes y pibas que poblaron la Plaza de Mayo, en la honda pena de los ojos del que va en el colectivo, cansado de la desazón de saber que nunca nos la hacen fácil, ni siquiera el destino se porta de no meter la cola. La amargura se disuelve en el aplauso compartido y la mirada hipnotizada, el silencio respetuoso de un pueblo que está de luto. Y también en la dulzura de los chicos que contestaban alegres las preguntas con una sonrisa cautivante, en la simpatía de la gente, en sus ganas de contar sus males y de mostrar sus dichas y sus conquistas, su orgullo, su agradecimiento. Una señora me dijo decía que le daba vergüenza ir a pedir un descuento en la luz por ser jubilada, y pensar que a otros no se les cae la cara cuando protestan contra las retenciones agropecuarias. Si ella supiera que en este mundo -al que le falta más de un tornillo- se quejan más los que más tienen.

La incredulidad del primer momento se iba transformando en sutil desasosiego, en espanto, y se reforzaba el deber de la tarea. “¿Van a seguir censando o se suspende?”, preguntaba la gente en su estupor. “Seguimos por supuesto” era la respuesta, porque ahora más que nunca, queríamos contribuir desde nuestro pequeño espacio para que el país pueda seguir su camino- este camino- en esta hora negra de pájaros de mal agüero. Y entre pregunta y pregunta, surgía la respuesta espontánea que no necesitaba interrogación, la que no estaba en el cuestionario porque no podían preverse las perversiones del futuro.

-“Mierda que se murió justo un tipo que hizo algo por los pobres, que dio este dinero para los chicos, que aumentó la jubilación”.

-“Qué triste, era tan sencillo, un buen tipo, me acuerdo cuando asumió que se paseaba entre la gente, era distinto a otros políticos”.

O las lágrimas del señor que atendió a Ana en Parque Chacabuco, desde la ventana porque quizás no le daban las ganas para abrir la puerta, y con los ojos llorosos le dijo una frase, de tan simple tan cierta, “Qué cagada”.

Pero había que seguir censando, aún con ese nudo en la garganta, con los aullidos de los televisores prendidos de absolutamente todas las casas, mascullando una verdad que costaba digerir. Y aún tras el cansancio demoledor de una larga jornada, recargarse de pueblo en la plaza, entre las banderas de murales y figuras peronistas, guevaristas, de parejas abrazadas, de Perón y Evita, Néstor y Cristina, épicas y tragedias populares. Los pañuelos de las madres y los recuerdos de quienes no están por la inclemencia del destierro definitivo, reafirman que el horror de cada muerte es infinito. La palabra gracias, escrita una y mil veces. Gracias por la pasión, por el compromiso y por la entrega. Gracias por la alegría, por la valentía. Y qué suerte por la alegría, por los recuerdos, por el aporte a volver a constituirnos como pueblo, como sujetos políticos, a volver a confiar en la política como espacio de transformación y combatir su degradación en mero tráfico de influencias poderosas. Gracias por el humor del “¿Que te pasa Clarín, estás nervioso?”, por la valentía de obligar a un milico a que descuelgue el cuadro de Videla, por la pasión, por la entrega. La necesidad de pensar no en tu muerte sino en tu vida, y la suerte de tener una compañera de carne, hueso, uña y dientes, que va a defender tu legado como una reina guerrera. Y llevará tu nombre como bandera a la victoria.

domingo, 24 de octubre de 2010

El Apache

Semblanza de Carlos Tevez

El Apache

Carlos Tevez nació hace 27 años en el Barrio Ejército de los Andes, más conocido como Fuerte Apache. Por eso, a Carlitos también lo llaman “el Apache”.

Con sólo 10 meses de edad, sufrió una quemadura que le dejó una cicatriz desde su cara hasta el pecho. Hasta hoy, se negó a borrarla con cirugía estética porque, dice, le gusta que lo quieran como es.

Empezó a jugar fútbol en las inferiores del Club All Boys. Debutó en primera en 2001, pero fue durante 2003, cuando tenía 19 años, que se convirtió en la revelación del Boca de Carlos Bianchi. A partir de entonces, el amor entre la hinchada y Tevez sería un amor correspondido con creces. Durante ese año, su equipo ganó nada menos que el torneo local, la Copa Libertadores y la Intercontinental.

En 2004, vistió la camiseta argentina y se consagró como goleador de los Juegos Olímpicos de Atenas. Desde entonces, ha sido convocado en numerosas oportunidades a la Selección Nacional.

Su relación con la prensa nunca fue fácil. Acostumbrado a no callarse nada, Carlos Tevez no fue una víctima sumisa de la crueldad que está alcanzando el periodismo deportivo, hasta llegar a niveles sólo vistos antes en los programas de chimentos. En 2005, cuando se conoció que se haría efectivo su pase al Corinthians de Brasil, Tevez declaró al diario Clarín: “la gente que no me conoce se deja llevar por lo que dice el periodismo y lastiman a mi familia. Y con eso me obligan a alejarme del país".

Si tiene pocos detractores, lo que estos nunca podrán endilgarle es el apelativo tan futbolístico de “pecho frío”. Carlitos corre, amaga, intenta incluso lo imposible y si no le sale, vuelve a intentar.

Pero el fútbol no es la única pasión de Carlos Tevez. También es un apasionado de la cumbia. Por eso, creó el grupo de cumbia villera “Piola Vago” junto con amigos del barrio. Actualmente, juega en Inglaterra en el Manchester City y alterna su actividad profesional con el despunte del vicio de la canción.

Como Diego Armando Maradona, Carlos Tevez es protagonista de una leyenda urbana que se repite y que podría resumirse así: el Apache cumplió el sueño del pibe. Nació en un barrio donde las posibilidades escasean y solamente el talento se convierte en el hada madrina que puede sacarte de la miseria. Por su origen humilde, Tevez es el ejemplo de salvación que activa la ilusión de miles que van a probarse a las escuelitas de los clubes grandes.

Se puede decir que zafó. Si no fuera por su talento, su destino podría haber sido parecido al de su hermano, al que le esperan 16 años tras las rejas acusado de robar un camión blindado. Por suerte, a veces la vida no es predecible. Eso es lo que hace grande una historia como la de Carlitos.

lunes, 18 de octubre de 2010

El fondo de la certeza

¿Tiene fondo la certeza
cuando acaba la razón
y vida no es igual a sufrimiento?
No hay dudas:
un héroe que no sabe hacerse la cama
no es un héroe.
¿Cómo era eso de la caridad,
que no entendimos?

Si un poema inconcluso
Reza una blasfemia y otra,
sabrás que son verdades
Que se tiran al viento
Y nadie quiere escuchar.
No hay duda:
Las putas son buenas animadoras
De programas infantiles.
¿Cómo era eso de la realidad
que no entendimos?

¿Quién se hará cargo de rescatar
una verdad del fondo de la certeza?
Aquí estoy yo,
Para reflotar la mugre que yace en el basural
Bendita esquina que habitan las ratas
Compañeras de la triste ciudad
Y sus tiendas baratas.

¿Se desdobla la entereza
cuando por una idea
hay que jugarse el corazón?
¿Hace falta el pensamiento
cuando en una balacera
se decide la cuestión?
¿Cómo era eso de la revolución,
que no entendimos?