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sábado, 21 de mayo de 2011

Quejas de bandoneón

A fines de 2009, se declaró al bandoneón como patrimonio cultural protegido y se creó un régimen para su protección. Oscar Fischer, luthier de bandoneones, explica las causas, aún vigentes, que hicieron necesaria la normativa conocida como “Ley del Bandoneón”. La crisis de 2001 y la devaluación, junto con el creciente prestigio internacional del tango, provocaron un gran éxodo de bandoneones hacia el extranjero. Una situación que pone en juego la continuidad de los géneros musicales argentinos en que este elemento es central, pero también la decisión de cultivarlos como cultura de elite o arte popular.



La Ley del bandoneón
Además de declarar al bandoneón como patrimonio cultural, la normativa crea un registro nacional de bandoneones y promueve la enseñanza de su ejecución. Sin embargo, el aspecto más polémico de esta normativa, que aún no entró en vigencia por no estar reglamentada, es la prohibición de la venta de bandoneones al extranjero. Por este motivo, “la ley fue criticada y tildada de chavista, pero los legisladores necesitaban un término fuerte para que tuviera efectividad”, explica Oscar Fischer en su taller de luthería donde además funciona la Asociación Civil La Casa del bandoneón, que se encarga de promover la conservación de este preciado instrumento.


Las joyas del abuelo
Este médico de bandoneones, sostiene que “la época del uno a uno y nuestra crisis del 2001 ha hecho que mucha gente vendiera el bandoneón del abuelo a dos pesos a las casas de música. Esto yo lo vi personalmente –recuerda- Eran montañas, ni siquiera apilados ordenadamente, estaban volcados en el sótano de las casas de música. Era como ver cadáveres para mí”. Los fundamentos presentados en respaldo de la ley señalan que “la mayoría de los bandoneones que hoy existen en la Argentina tiene entre ochenta y cien años, lo que los convierte de por sí en reliquias de valor histórico”. Sumado a esto, este tipo de instrumentos no se fabrican más en Argentina a escala industrial, sino sólo de manera artesanal o a pedido. Los pocos bandoneones que se fabrican en el mundo son importados de Europa. Todo esto lo encarece mucho para el público local.

El bandoneón inmigrante
Llegado de Alemania a fines del siglo XIX, junto con la corriente inmigratoria europea, se convirtió en un elemento central no solamente para el tango sino también para el chamamé y los ritmos folklóricos del noroeste argentino. Cuenta la historia que había sido inventado como una alternativa fácil de transportar para suplantar al órgano en las ceremonias religiosas callejeras. Pero pronto caería en desuso en el Viejo Continente a la par que dos países del sur de América, Argentina y Uruguay, lo adoptarían para convertirlo en símbolo y estandarte de la música del Río de la Plata. Gracias a esta adopción el instrumento encontró una continuidad y el bandoneón se trasformó en el querido “fueye”, al que se le han dedicado varios tangos, chamamés y zambas. Pero a partir de la crisis de 2001 y con motivo de la devaluación del peso, los bandoneones se abarataron mucho para ser comprados por el turismo extranjero a la vez que se volvieron cada vez más inaccesibles para el mercado interno. “Actualmente, la ecuación oferta demanda es de 8 a 1. Hay un bandoneón por cada 8 que lo quieren comprar. Hoy viene una madre con su hijo que quiere aprender a tocar el bandoneón y no podemos ofrecerle una alternativa accesible. Incluso para alguien que quiera hacer una inversión importante, es difícil conseguir uno”, dice Oscar Fischer. Está claro que el precio de los bandoneones dificulta la enseñanza del instrumento y a la larga, puede afectar la continuidad de los géneros populares argentinos para los cuales se convirtió en un ingrediente primordial.

Bandoneones de Papel
Oscar Fischer se entusiasma al contar la particular historia de Daniel Vedia, un bandoneonista radicado en Jujuy que enseña a tocar el bandoneón en la localidad quebradera de Purmamarca. Allí los chicos aprenden a tocar con bandoneones de papel, lo cual sería muy romántico si no fuera porque no suenan. Provisoriamente, La Casa del bandoneón se ocupa de enviar de vez en cuando un bandoneón para la escuela, y existe el proyecto de crear mini-bandoneones electrónicos, de juguete, que faciliten la enseñanza.
Sin duda, cuando la Ley que aún no está reglamentada empiece a regir, será un recurso más para fomentar la ejecución del instrumento, pero su utilidad dependerá de la concepción que prevalezca no sólo en relación al instrumento sino también en lo que respecta a la música. Entonces, es importante preguntarse, ¿buscamos enriquecer la cultura popular o nos mantenemos cómodos conservando un arte de elite que genera divisas?; ¿concebimos a nuestros géneros musicales autóctonos como piezas de museo o cómo géneros vivos que se nutren de las nuevas realidades?


Instrumento de elite o instrumento popular
Buscando una respuesta a aquellos interrogantes, el luthier reflexiona: “El bandoneón puede ser concebido como un instrumento de elite o como un instrumento popular”. Parece claro que para Oscar Fischer, definir al bandoneón como instrumento popular implica también ver al tango como una música popular y no como un producto de exportación. Ildefonso Pereyra, principal referente de la Unión de Músicos Independientes, suele decir que el tango fue calificado como la soja porteña y si es así, los músicos piden retenciones. En sintonía con este pensamiento, Fischer comenta que el Festival de Tango de la Ciudad recauda importantes sumas de dinero, pero estas no son reinvertidas en la actividad musical. “El Festival de Tango de la Ciudad recauda muchísimo, pero vos ves a los músicos con los mismos problemas de siempre.” Sin embargo, prosigue, “los músicos están organizados y saben muy bien, la mayoría de ellos, dónde están parados. Están los que entienden al tango como un género en evolución y los que entienden al tango como género muerto. Pero hay una tercera opción, que creo que es el caso de los músicos del Festival de Tango Independiente, que entienden que son las dos cosas al mismo tiempo. Ellos escucharon a Los Redondos, a los Rolling Stones y lo tratan de integrar pero lamentablemente, se encuentran con que les dicen que eso no es tango.”

Conciencia
Al momento, la ley del bandoneón no está reglamentada pero igualmente, Oscar opina que la difusión de la problemática dio sus frutos en lo que hace a una mayor conciencia. “Noto un poco más de conciencia sobre el tema, más cuidado. El tema ya se conoce en todo el mundo. El europeo que viene, al momento de encontrarse con la palabra patrimonio cultural ya no le da tantas ganas de insistir.” A pesar de estos avances, la problemática que dio origen a la necesidad de protección sigue vigente. Como toda ley es un instrumento importante pero será letra muerta si los amantes de la música no la defendemos desde el lugar que a cada uno le toca, para ponerla en práctica y velar por su respecto. El gemido de los bandoneones ya se escuchó, ahora queda en nosotros acudir en su auxilio.

martes, 12 de abril de 2011

Espectáculo teatral "Tango, luego existo"

Tango, luego existo:



Una invitación a sentir el tango


¿Obra de teatro? ¿Recital intimista? ¿Popurrí de poesía y baile? Cómo encasillar este mágico delirio de pasión tanguera que despliega generosamente un espectáculo a la vez sencillo, con sólo tres artistas en escena y una escenografía más que discreta. Esta obra, que han dado en llamar “Tango, Luego existo”, es una invitación, o incluso una incitación, a sentir el tango desde dentro y en todas sus facetas: su música, su poesía y su baile. Andrea Soledad Maidana, quien concibió la idea y es autora de algunos de los textos que interpreta, contagia con su actuación y su baile el entusiasmo por el género popular rioplatense. La acompaña en escena Luis Albarracín, quien se ocupa de la interpretación musical alternando bandoneón y guitarra, con la interpretación de tangos clásicos y otras joyas casi olvidadas en el arcón de los recuerdos. El baile en pareja, que va desde lo pasional a lo más profundamente sentido, es magistralmente interpretado por la protagonista y el bailarín Pablo Barreto.

La introducción a la obra nos invita a viajar por ese Planeta Tango tan misterioso. Convida a tamaño viaje también al pibe que escucha a Manzi con culpa (quizás con una cuota de vergüenza) porque no está escuchando rock. El espectáculo no ahorra en este tipo de guiños hacia las generaciones más jóvenes, supuestamente alejadas del tango. Los mismos actores no superan los 30 y exponen en el escenario su intensa relación con el sentimiento tanguero. En ese sentido, la obra es una invitación a desembarazarse de los prejuicios que señalan a esta música popular como cosa de viejos, de la misma manera que se estigmatiza a otros géneros populares desde la cultura comercial hegemónica.

Uno de los méritos de la obra es la decisión de no reproducir ciertos estereotipos utilizados hasta el hartazgo en los espectáculos tangueros del circuito comercial que vende tango de exportación desde su aspecto meramente sensual, o abusa de los clishes del compadrito y la mujer fatal. “Me niego rotundamente al farol en la escenografía”, bromea Andrea. Pero hay algo muy serio detrás de su afirmación. Cuando el personaje de Andrea se disfraza y empieza a interpretar esos típicos personajes con que se identifica al tango, Luis y su bandoneón - en representación del tango- le dicen: “Contanos una historia, pero como sos vos…”. Como si el tango pudiera hablar en su defensa y pedirnos que no lo difamemos.

Esa elección evita una visión acartonada del tango y permite una conexión más emocional con esta música, que adquiere un aroma a infancia y a barrio, y nos lleva de viaje a los tangos que escuchamos en el disco de pasta de los viejos. Luis Albarracín cuenta que hizo la selección musical en base a los tangos que solía escuchar en su casa cuando era chico y con los que tiene una conexión especial. Interpreta tangos clásicos, como “Che bandoneón” de Aníbal Troilo y Homero Manzi, y otros menos conocidos : una joya rescatada del tesoro escondido es “Retintin” del gran bandoneonista Eduardo Arolas. También, son rescatados del enorme repertorio musical porteño el tango “El abrojito” de Luis Bernstein y Jesús Fernández Blanco, y “El viejo Vals” de Charlo y José González Castillo. Luis los ejecuta como conversando con su fuelle, le acerca la oreja para escucharlo, como si le estuviera contando secretos al oído, y en su rostro se puede ver ese sentimiento y esa conexión que se renueva en cada acorde. También canta y se anima a acompañar con guitarra un vals peruano, llamado  “María Luisa”, de Antonio Lauro. En el baile y la música se cuelan algunos pasos y acordes de Jazz y flamenco, que señalan puntos de contacto con otros géneros. “Para mí el tango y el flamenco están muy emparentados”, dice Andrea, quien también se ha dedicado a cultivar el baile andaluz.

Las poesías elegidas y su singular interpretación en voz y cuerpo son otro elemento que aporta una importante cuota de emoción al espectáculo, con el recitado de poemas de Mario Benedetti y Horacio Ferrer, más algunos textos poéticos creados especialmente para la obra.

La protagonista se debate entre dos hombres, representados en el bailarín y el bandoneonista, pero la historia que se cuenta está lejos de las historias trilladas de los triángulos amorosos. En el amor y su elección por el músico hay una elección por el tango personificado en el bandoneón al que mira y desea con la misma pasión que a su enamorado. Lo que se cuenta desde el escenario no es exactamente una narración sino una forma de vivir el tango, desde el momento actual y desde el alma.

Mezcla de bajo presupuesto y alto compromiso, como destaca Andrea al finalizar el espectáculo, esta obra teatral logra crear un ambiente intimista, con toques de recital para amigos, y lo combina con un espectáculo de poesía y baile con dos excelentes bailarines y múltiples cambios de vestuario deliciosamente elegidos según los personajes, textos y canciones a interpretar.

Un espectáculo que recién nace y crece cada función agregando nuevos condimentos a este plato suculento de teatro, poesía, música y baile.


La obra se presentó durante el verano en Teatro del Centro (ciclo de 4 funciones) y en Best Bar Cultural (2 funciones). Acaban de realizar una función especial en La Ratonera (Corrientes 5552) el pasado jueves 31 de marzo, y la próxima estación de este viaje será el Club Premier de Caballito. Si aceptás esta invitación a sentir el tango, o si ya la aceptaste y querés disfrutarla, te recomiendo ir a verlo “con los tacos (o zapatos) puestos”.

Mantenete informad@ de las próximas presentaciones en
FACEBOOK: Tango luego existo
quierovaletango@gmail.com